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Home ENTREVISTA, Septiembre 202530 años de amistad entre dos intelectuales: la conversación más profunda sobre literatura, historia y resistencia que leerás

30 años de amistad entre dos intelectuales: la conversación más profunda sobre literatura, historia y resistencia que leerás

September 30, 2025• byadministrador

Entrevista con Guido Rodríguez-Alcalá

Por Thomas Whigham

Thomas Whigham: Don Guido, tú y yo nos conocemos desde hace treinta años, pero debo confesar que aún hay muchas cosas que no sé de ti. ¿Dónde naciste y cómo transcurrió tu infancia y juventud?

Guido Rodríguez-Alcalá: Nací en Asunción en 1946, mi vida no ha tenido nada de extraordinario, he vivido el resto de mi vida en Asunción, excepto los años vividos en los Estados Unidos (1975-1979) y en Alemania (1982-1983), para donde fui con becas, y alguna que otra corta estadía en el extranjero. Como las naciones venturosas no tienen historia, decía Nervo, y yo podría decir algo parecido. He sido empleado bancario, docente, traductor, periodista y otras cosas más.

TW: Sospecho que te acostumbraste a leer muchísimos libros de joven. ¿Qué títulos recuerdas de aquellos primeros tiempos? ¿Siguen incluyéndote ahora que eres —¿cómo decirlo?—maduro?

GRA: Leía porque en la casa de mis padres había libros y también en la casa de mis abuelos paternos, que vivían al lado; por la siesta, iba a la casa de ellos y leía en su escritorio. Él, José Rodríguez Alcalá, publicó en 1905 una novela llamada Ignacia, que algunos consideran la primera novela paraguaya; su esposa Teresa Lamas publicó Tradiciones del hogar en 1922, un libro de relatos sobre la historia paraguaya del siglo pasado. Me acercaba a la lectura el hecho de que entonces no existía en el Paraguay televisión, llegada hacia 1965.

TW: Cuéntame algo sobre tu educación formal. ¿Recuerdas a algún profesor o catedrático universitario en particular y cómo te influyeron?

GRA: En el Colegio San José conocí al padre César Alonso, un español que sabía despertar el interés en la literatura en los jóvenes e incluso en los niños, porque yo entonces tenía unos diez años y me acerqué al Quijote y a los escritores españoles del Siglo de Oro. Tengo un grato recuerdo de Efraím Cardozo, profesor de historia y hombre de considerable cultura. Fuera del colegio conocí a Josefina Pla, española arraigada en el Paraguay y escritora destacada, que enseñaba a quienes la visitaban en su casa para hablar de literatura o pedir su opinión sobre lo que escribían (yo entre ellos). En Estados Unidos pude desarrollar una visión más amplia de la realidad americana gracias a varios profesores con auténtica vocación, como Thomas Walker, Antonio Serna, Antonio González y otros.

TW: Recuerdo vívidamente haber conocido y trabajado con tu tío, Hugo Rodríguez-Alcalá, mientras era profesor de literatura en la Universidad de California en Riverside. Era una persona singular, en todos los sentidos, y me imagino que lo encontraste muy influyente. ¿Tienes alguna anécdota que compartir con nuestros lectores sobre él? Imagino que muchos jóvenes paraguayos no saben nada de él, lo cual es una gran lástima. ¿Qué nos puedes contar?

GRA: Sí, mi tío Hugo, hermano de mi padre, era buen poeta y tenía la formación adquirida en universidades norteamericanas; él volvió al Paraguay después de jubilarse en Estados Unidos, y en el Paraguay no enseñó en ninguna institución docente, pero ejerció su influencia a través de encuentros literarios, conferencias, conversaciones privadas.

TW: Aunque eres un intelectual integral con experiencia en periodismo y muchas otras áreas, sospecho que eres más conocido como novelista. ¿Qué nos puedes contar sobre tu evolución como escritor de novelas históricas? ¿Cuáles tuvieron mejor acogida? Puedo decirte, por experiencia propia, que algunas de mis mejores obras fueron detestadas por algunos lectores paraguayos.

GRA: No necesito explicarte, Thomas, que en el Paraguay existe un culto de ciertos gobernantes del siglo XIX: el dictador vitalicio Francia (1814-1840), Carlos López (1841-1862) y Francisco López (1862-1870). Supuestamente, los años de aquellas dictaduras fueron “la edad de oro” del Paraguay; al demostrar que aquellos señores tuvieron una política económica mercantilista, has blasfemado contra nuestros penates, y era comprensible la reacción. Yo utilicé investigaciones tuyas para decirlo con recursos literarios.

TW: En tu opinión, ¿qué tan importante es para el novelista histórico apegarse a los hechos tal como los conocemos? Recuerdo haber pensado que William Edmund Barrett, autor de Una Amazona, intentó escribir un relato bastante preciso y bien formado de la Madama Lynch, mientras que The News from Paraguay, la obra más importante de Lily Tuck, apenas se reconoce como el Paraguay histórico; y, sin embargo, es Tuck quien ha cosechado elogios. ¿Alguna opinión?

GRA: Sobre el éxito de ventas de un libro es imposible dar reglas generales, los libros tienen su buena o mala fortuna, que puede cambiar con los años. Yo pienso que una novela histórica debe, como dijo Margarita Yourcenar, rehacer desde adentro lo que los investigadores del pasado han hecho desde afuera: desde afuera, conocemos las batallas, los gobiernos, los acontecimientos notables; desde adentro, el narrador debe permitir al lector vivir un acontecimiento histórico como pudo haberlo vivido una persona de la época. Sabemos a grandes rasgos cómo fue la independencia del Paraguay; cómo la vivieron sus actores es otra cosa, y aquí un novelista puede imaginar qué pensaban ellos y hacerlos hablar en consecuencia; no lo podrá probar, pero tampoco se lo puede desaprobar; disprove se diría en inglés, debería existir la palabra en español.

TW: Una de las curiosidades de nuestros tiempos es que solo una minoría de los paraguayos que viven hoy en día han tenido la experiencia de vivir bajo una dictadura. En cierto sentido, tienen suerte. Dicho esto, las presiones del autoritarismo de Stroessner sin duda te afectaron. Algunos de sus ecos más desagradables aún perduran en el siglo XXI. Pero realmente creo que la mayoría de los jóvenes no lo pueden comprender. ¿Cuál es tu opinión? ¿Acaso la generación más joven no comprende el significado del pasado? Y, de ser así, ¿qué podemos hacer al respecto?

GRA: Creo que en todo el mundo se nota una pérdida de conciencia histórica, y quizás porque hay interés en que sea así, para formar empleados para las corporaciones multinacionales, las que orientan ese test internacional llamado PISA, que ahora se utiliza también para evaluar el nivel de la educación en el Paraguay. Por otra parte, la situación no puede ser la misma en aquellos países donde ha habido una tradición de estudio y enseñanza de la historia rigurosa, y aquellos en que no la ha habido, como el Paraguay, cuya facultad de historia se creó en 1948 y donde no existe un archivo nacional o general, propiamente dicho, donde se reúna toda la documentación oficial. Eso explica que no se conozca debidamente, aunque se la quiera conocer, cómo fue la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), quien se fue del gobierno dejando en su lugar a su yerno y colaborador Andrés Rodríguez. Lo que se debe hacer es mejorar la educación, que a su vez exigirá cambiar la situación social y económica, que no me parece probable en las circunstancias actuales. Desde mi punto de vista personal, sigo aquel consejo de Voltaire de “cultivar el jardín”, de limitarse a lo posible, y así trato de aumentar mis conocimientos históricos y expresarlos a través de la ficción.

TW: ¿Cuáles son los autores que te han despertado mayor interés?

GRA: Borges, Rulfo y Cortázar; los he leído mucho, no sé si han influido en lo que escribo o no. García Márquez es un gran escritor, me deslumbró Cien años de soledad; sin embargo, pienso que su realismo mágico no agota toda la literatura, que debe abordar también el realismo puro y simple, muy importante para comprender el mundo en que vivimos y del que tenemos una visión desvirtuada por los medios de comunicación. Cuando estuve en Estados Unidos, conocí a Joyce Carol Oates y Gore Vidal. Mi único reparo a Joyce es que no puedo leer todos los libros que escribe y eso me fastidia a veces. Admiro a Gore Vidal, por momentos me resigno a no escribir narrativa histórica por el trabajo que me da informarme sobre la historia, a causa de la falta de investigación y recursos en el Paraguay. Admiro a Balzac, quien comparte algo con JCO, y es su capacidad para comprender todo tipo de personajes, desde los millonarios y los poderosos hasta los marginales e indigentes. También a los escritores rusos decimonónicos: Gogol, Dostoievsky, Tolstói.

TW: ¿En qué estás trabajando ahora mismo? ¿Podrías darnos un pequeño adelanto?

GRA: Ahora trato de escribir sobre la situación de la burocracia judicial paraguaya y su relación con las personas corrientes; me gustaría hacer algo parecido a lo que hizo Gogol en Almas muertas (si no fuera un autor tan conocido, lo plagiaría), y además quiero corregir una novela ya publicada, que se refiere a la independencia del Paraguay. Esos años los he estudiado mucho, lo que me cuesta es fabularlos para poder transportar al lector en un viaje imaginario en el tiempo. Para más adelante tengo otros proyectos, como escribir una biografía novelada de Stroessner, una época que he vivido pero sobre la cual falta suficiente bibliografía para comprenderla desde la distancia de los años transcurridos.

TW: Finalmente, una pregunta filosófica: el escritor rumano Gheorghe Calinescu preguntó una vez si el talento es una desventaja en el país de los ciegos (o de los mediocres). ¿Podrías comentar sobre este argumento? Te hago esta pregunta desde un país dominado por Donald Trump, quien celebra la mediocridad en todo lugar y en todo sentido.

GRA: Esta pregunta me recuerda una anécdota de James Hansen, un brillante científico que llamó la atención sobre el hecho y las consecuencias del cambio climático. Y bien, a Hansen lo llevaron a debatir en TV con un tipo que no sabía nada, y al final el erudito debió reconocerlo: un científico no puede discutir con un periodista. Cuando todo se simplifica, se lo “formatea” para caber en las pocas palabras de un Twitter, el talento está en desventaja. No te olvides, estamos en la era de la posverdad, donde lo más crudo prima sobre lo superior. Sucede en todo el mundo, desde los Estados Unidos hasta la Argentina, pasando por los países intermedios, y también en el otro hemisferio. Por suerte existe conciencia del problema y esto ha llegado a ciertas escuelas, donde se enseña a descubrir las fake news.

TW: Gracias, don Guido.

GRA: Soy yo quien te lo agradece.


Nota editorial: Esta entrevista fue realizada por correspondencia electrónica.

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