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Home ARTÍCULO, HISTORIAEl diplomático que huyó por la ventana: la historia secreta del hombre que gobernó Paraguay desde una bañera

El diplomático que huyó por la ventana: la historia secreta del hombre que gobernó Paraguay desde una bañera

May 25, 2026• byadministrador

Selecciones de la Historia Secreta de Porter Bliss — Parte Tres Traducción y notas: Thomas Whigham


En esta entrega de la Historia secreta de Bliss, el autor retoma la biografía de Charles Ames Washburn, guiando al lector desde las últimas etapas de la visita del futuro ministro en California hasta su tiempo en Chicago y Filadelfia. Los paraguayos deberían prestar especial atención a la mención de la residencia de su hermano en Galena, Illinois, que —y este es el punto clave para los yanquis más engreídos— era el distrito natal del general Ulysses Grant. Este último había sido comandante del Ejército de la Unión y, después del presidente Lincoln, la figura más destacada del bando norteño en la Guerra de Secesión. De hecho, en 1869, el general Grant pronto asumiría la presidencia de Norteamérica. Se esperaba ampliamente que Grant ascendiera a este puesto. Sin duda, Bliss sabía que probablemente así sería, y también sabía que la familia Washburn seguiría inspirando respeto en los círculos políticos norteamericanos. Charles Ames Washburn pudo haber sido una de las figuras menos importante de la familia Washburn, pero tenía todas las razones para aspirar a una posición prominente. Y esta aspiración, insinúa Bliss, tendría gran importancia entre los paraguayos. El Padre Maíz casi seguramente quería que esa impresión se enfatizara en la Historia Secreta.

Otro aspecto de las diez páginas que abarca esta entrega de la obra de Bliss que llama nuestra atención es su despliegue de erudición, especialmente en materia literaria. Lo veremos brillar de nuevo de esta manera. Sin duda, esto hace que los lectores de la época actual se pregunten qué ha pasado con aquellos diplomáticos que podían afirmar tener un amplio conocimiento de la cultura. Bliss pudo haber sido controvertido, pero nadie podría culparlo de falta de inteligencia.

Aquí comenzamos:

“Como dejamos dicho, ¡él tuvo por conveniente ‘dejar su patria para el bien de ella!'[1] apresurando su embarque; repentinamente y cuasi in puris shirtibus (desnudo)[2] pues cuando iba al puerto, se había bajado a la calle por una ventana de atrás, por miedo de salir por la puerta principal. Cuando, dos o tres días después, el Comité de Vigilancia, mandó un alguacil con un posse comitatos, llevando orden de arrestar a nuestro héroe, el pájaro había volado y tuvo el alguacil que contentarse con endosar al orden de arresto, la célebre fórmula ‘¡made trackibus! up stumdibus! uon come atibus in swampo!'[3]

En Filadelfia, tuvo Washburn la pena de saber que muchos de sus cofrades y constituyentes en San Francisco habían bailado un solo inglés, en la cuerda tiesa, poco después de su ausencia, y no creyéndolo muy conveniente exponerse a participar de su suerte, se dirigió al Estado de Illinois, donde residía en la ciudad de Galena, su hermano Elihu. No sabiendo en qué dirección podía utilizar sus talentos, en un estado normal de la sociedad, y atormentado por los terrores de su mala conciencia, nuestro héroe se sintió muy mal hallado. Su mente revertió de continuo al teatro de sus hazañas, de la que se consideraba como desterrado, y faltándole el mens conscia recti, se ocupaba de penosas reflexiones sobre la infausta suerte de sus compañeros de causa a quienes había tocado la bien merecida suerte del patíbulo. Formóse en su cerebro el supersticioso presentimiento que, día más o menos, él debía hallar igual destino. ¡Sus enfermos ojos veían patíbulos por todas partes, y ya no encontraba gracia en la consabida chistosa “Disertación sobre los inconvenientes de ser ahorcado!” Dice el proverbio “que cuando uno pisa el lugar destinado para su sepulcro, siente un estremecimiento involuntario”, y también se suele decir “que siempre se golpea con el dedo enfermo”. Sea de esto como fuera, lo cierto es que Washburn no pudo volver sus ojos de la contemplación de su vida criminal en California, y sentía como una voz que le decía en sueños “¡Tonto! ¡Mirad tu corazón y escribid!” Obedeció la intimación, y produjo en pocos meses su novela, Philip Thaxter, cuyos incidentes forman un vivo cuadro de las escenas incalificables que su autor había presenciado en California. Como pintura de las costumbres de una época anormal, que felizmente ha pasado para siempre, esta novela tiene su valor excepcional entre todos los escritos de Washburn. Basta decir de ella, que todos sus numerosos personajes, con inclusión de su héroe y heroína, —los bellos ideales del autor— son sin excepción, los más incalificables malvados que se encuentran en obra alguna de ficción, ¡y que tres de sus personajes principales perecen por la horca! Otro de ellos que puede considerarse como el tipo de Washburn, escapa de semejante suerte a uñas de buen caballo, y enseguida, ¡siempre cambia de color cuando oye hablar de una soga! “Capitis steterunique comae, —vox fauciltus haesit!”[4]

Por lo demás, el estilo es malísimo, el desenlace ridículo y la lectura fastidiosa, y Washburn, que se complace en prestarla a sus amigos, es la única persona en el mundo que tiene una opinión favorable de ella. El ejercicio de la pluma en esta y otras producciones literarias, le ha valido a Washburn un cacoethes scribendi (grafomanía o manía de escribir) que todavía le distingue y le faculta a producir hasta el día, —a corto plazo y currente calamo— resmas enteras de manuscrito sobre cualquier tópico, en estilo que él considera condimentado con “sal Atica”; pero donde el lector solo descubre, en este punto, los “multos grános salis”, con que sus conclusiones deben ser recibidas.[5] ¡Debiera haber tenido presente nuestro fácil romancista que “lo que se escribe con mucha facilidad, suele ser de muy pesada lectura!”[6] y no le habría venido mal el consejo de Horacio “Guardad vuestro manuscrito nueve años!” ¡Por nuestra parte si nos atreviésemos a dar un consejo al insigne autor de “Philip Thaxter”, sería muy parecido a la célebre receta para hacer ensalada! “Lechuga, quant. suff. sal, ídem: pimienta, ídem: mostaza, ídem: aceite, ídem: vinagre, ídem, &: mezcladlo todo bien y echadlo enseguida por la ventana!” Diríamos al autor de tan célebre romance “Revisadlo bien, enmendad un poco el estilo, poned más rasgos de humor, suprimid tres cuartas partes de los personajes, cambiad el desenlace, y si encuentra que todavía le falte fuego (como será muy probable) echadlo en el horno!” Pero nos guardaremos muy bien de insinuar semejante consejo a nuestra gloria de la República de letras, nuestro conciudadano Bohemio de miedo que saldríamos tan mal parados como el famoso e ingenioso Gil Blas, de la acertada crítica que hizo de los sermones del Reverendísimo Arzobispo de Granada![7]

Pasó enseguida Washburn a la ciudad de Chicago, donde fundó un periódico literario, crítico, chistoso, y misceláneo.[8] De la popularidad que gozaría tan célebre fenómeno en la República de letras, basta decir que el autor de esta biografía estuvo entonces en su patria, los Estados Unidos, y se interesaba en las letras, pero nunca oyó pronunciar el nombre de tal periódico, y es solo por referencia de su propio héroe que puede ofrecer al mundo este interesante dato, que corría peligro de ser totalmente olvidado. Mediante el haber visto en manos de su héroe una colección de este periódico, podrá el autor decir dos palabras de ello, para que no quede incompleta la noticia de los principales trabajos literarios de su héroe.

Es una verdadera olla podrida donde están mezcladas preciosas muestras de todos los estilos del versátil redactor. Difícil fuera decir en qué ramo descolló más el nuevo literato, pues todas las producciones de su pluma descubren aquella fatal medianidad (por no decir más) que, según Horacio “ni los dioses ni los hombres pueden soportar”.[9] La colección de las obras maestras que en este tiempo salió de la fértil pluma de nuestro héroe sería curiosísima. Allí se juntarían los peores chistes, los más insípidos cuentos, la más descarrillada crítica, y la poesía más prosaica, que se ha conocido en este mundo, pues cuando Washburn piensa muy de buena fe, que está escribiendo versos, el lector pronto descubre que, como Mr. Jourdain en la comedia de Moliére, ¡está hablando prosa sin saberlo![10] La columna de chistes era la parte de su periódico en que se encuentran los más estupendos disparates y de tan difícil comprensión, como podrá verse por el siguiente aviso, que se registra en la correspondiente sección de la tal gaceta.

“El Redactor previene a sus suscritores, que si por acaso, hayan en el porvenir, entre ellos, quienes no comprendan del todo el sentido de los chistes originales de nuestro periódico, él tendrá mucho gusto en ocurrir a las casas de aquellos suscritores que así pidiesen, para explicar viva voce, el sentido de todo lo que haya parecido oscuro en estos chistes.”

Por difícil que nos sea comprender el fundamento de tal concepto, es indudable que nuestro literato se considera, además de sus otros roles literarios, ¡un poeta! ¡Hélas! divino templo de Parnaso, que tus portales hayan sido profanados por pisadas tan legas! Pero, este tan extraño atrevimiento de nuestro héroe prueba la verdad del adagio, “¡Los tontos atropellan los recintos donde los ángeles temen entrar!”[11] Sabemos por la indisputable autoridad de Horacio en su Arte Poético, que “poeta náscitur; non fit” pero Washburn ni ha nacido con la “visión y la facultad divina” de las musas, ni pudo con todo esfuerzo, exprimir de su cerebro estólido, el módico contingente de diez líneas per annum de verdadera poesía.[12] En verdad, el único uso que podemos imaginar para los talentos poéticos de nuestro héroe, sería el de utilizarlos en su antigua profesión de farmacéutico o curandero, pues cuando el opio y todos los narcóticos y soporíficos de la materia médica no consiguiesen adormecer a su paciente, pudiera ocurrir al heroico remedio, con patente de privilegio exclusivo, el experimentum crucis de administrar una dosis homeopática de la trigésima dilución de sus propios versos! Verdad es que semejante remedio solo debe emplearse en casos desahuciados, —después de confesión y extrema unción—, pues si no muriera de una vez el paciente, ¡correría el peligro de caer en tan profundo sueño que solo la trompeta de Gabriel sería capaz de despertarlo! Por otro lado —a virtud de la gran ley de simília similibus— el mismo remedio soporífico pudiera emplearse con éxito en casos de procurar la resurrección de personas desfallecidas o abogadas[13]; pues si los versos de Washburn no causasen un estremecimiento en el supuesto cadáver, se puede considerarle desde luego como difunto, ni salitre puede salvarle, y los parientes deben llamar de una vez a las autoridades para investigar la causa de la defunción. Cuenta una crónica italiana, que a un reo de causa grave, le fue concedida por un tribunal de Florencia, la gracia de escoger entre dos penas: diez años de trabajos públicos o la lectura de la Historia de Florencia en 17 tomos por Guicciardini, ¡y que el sagaz malvado optó sin trepidar por las galeras![14] Del mismo modo, sería un nuevo y valioso recurso para la jurisprudencia criminal en Norte-América conceder a los condenados a la última pena —con calidad de aleve y sin beneficio de clero— la opción entre el patíbulo y la lectura de todos los versos de Washburn, y a bien seguro, los infelices mirarían más de una vez a la soga, ¡antes de aceptar la benévola conmutación! Y si fuera necesario en casos excepcionales, agraviar la amargura de un reo in artículo mortis; ¡pudiera disponer que mientras estuviera en capilla fuese obligado a escuchar a la lectura de lo más escogido de las poesías de nuestro vate inspirado!

¡Pero semejante refinamiento de suplicio repugna a la civilización del siglo! Y además, está prohibido por una ley americana, por la que se hallan suprimidas las penas desacostumbradas y bárbaras! ¡Sería crueldad atroz, tratar así a un perro! ¡Cuánto más a un ser racional! Por tanto, se nos ocurre otro empleo más admisible de tales versículos; a saber, como forma de adjuracion de los espíritus malignos; —pues en tal sentido valdrían mucho más que el ¡abra cadabra! y el “¡vade retro!” y el “príncipe de las potencias del aire” no aguardaría al segundo verso para ponerse a fojas vueltas, con un brinco, en las regiones Tartáreas!

Hablando con toda seriedad, estas pretensas poesías, estas flores del ingenio de nuestro bardo,[15] son de aquella clase que se fabrica con molino de mano y se vende por el barril o por la vara, y que son preciosas para el panadero o el especiero. Son muy parecidos a aquellas rapsodias satirizadas por el poeta Pope, el “Arte de Bajar en la Poesía”, con el célebre apóstrofe:

“Silence / ye wolves / while Ralph to Cynthia howls And makes night hideous! —answer him, ye owls!”[16]

La más célebre de estas producciones es una que fue escrita en California, en aquellos días tempestuosos que precedieron a la organización del “Comité de Vigilancia”, cuando atormentados por los terrores de sus inquietas conciencias, él y sus cofrades criminales, “¡pensaron amargamente en la mañana!” y lleva el apropiado título, prestado de un drama de Shakespeare, de ¡Mañana y mañana y mañana! ¡El estilo es bastante enérgico, según la famosa comparación de Mrs. Malaprop, “tan cabezudo como una alegoría en los márgenes del Nilo”![17] Por lo demás, esta, y las otras producciones del mismo vate en el mismo género, son tan completamente olvidadas por el mundo literario de Norte-América, que si no fuera por la antecedente crítica que hemos hecho de ellos, probablemente nadie se habría acordado de ellas jamás. Y ahora le cabrá a nuestro talentudo poetastro la misma suerte de aquel bardo latino, cuyos versos han perecido de la faz de la tierra, ¡y su nombre solo es conocido por la defensa que de él hizo Cicerón en la oración pro Poetâ Archiante!

Este precioso destello de ingenio de nuestra décima musa, fue enviado firmado con el seudónimo “Junius” a un periódico de San Francisco, solicitando su publicación. Al próximo día apareció la gaceta, con el siguiente párrafo halagüeño en la sección de “Avisos a nuestros corresponsales”.[18]

“Junius: ¡Hemos recibido la producción métrica que V. sin duda supone ser “poesía” —pero francamente “ni es carne ni pescado”! Para que fuera reconocido como verso, era muy necesario que hubiese V. puesto al pie una indicación en este sentido, del mismo modo que los malos pintores tienen que ins-[página 20]”


Notas

[1] (N. del A.) “Leave his country for his country’s good!”

[2] Otro ejemplo del latín humorísticamente falsificado de Bliss. Quizás su chiste ofrezca una representación de los descamisados de Juan Domingo Perón.

[3] (N. del A.) latín macarrónico [sic] significando, que el reo ha desaparecido. [Macarrónico es un término usado para designar una forma burlesca de verso en la que se introducen palabras vernáculas en una construcción latina con terminaciones latinas. Aquí, Bliss usa el término para denotar una mezcla de latín “spaghetti” y argot estadounidense en un jopará bastante hilarante, sugiriendo que, si uno no salía, terminaría en un pantano.]

[4] (N. del A.) ¡Los cabellos se pusieron rígidos y su voz enmudeció en su garganta!

[5] A Bliss le encantan los proverbios ancestrales y los dichos supuestamente comunes que, sencillamente, acababa de inventar. Maíz y Falcón no podían comprender que las variantes norteamericanas del ñe’engá fueran absurdas.

[6] (N. del A.) Easy writing is d—d hard reading!

[7] Gil Blas es una novela picaresca de Alain-René Lesage, publicada entre 1715 y 1735, que trata sobre mujeres de moral cuestionable, maridos engañados pero felices, médicos ignorantes, poetas absurdos y criados al servicio de amos ladrones. Quizás Bliss pensó que estos últimos eran como Falcón y Maíz, quienes servían al Mariscal incluso en sus apariencias más problemáticas.

[8] No hay registro de que Washburn estableciera algún tipo de publicación periódica en Chicago, aunque estaba en la ciudad para presenciar la Convención Nacional Republicana de 1860 y participar de manera insignificante.

[9] La cita procede de El arte de la poesía de Horacio. Este poeta latino (65-8 a. C.), era miembro del círculo literario de la corte de Augusto, y al igual que su amigo Virgilio, se unió a la celebración de la restauración del orden que llegó con el fin de las Guerras Civiles. Horacio se esforzó por elevar el latín como lengua literaria al nivel del griego. Sus sátiras fueron muy admiradas y frecuentemente memorizadas por escritores del siglo XVIII y de la época de Bliss. El poeta y dramaturgo inglés John Dryden (1631-1700), a quien Bliss admiraba especialmente, se inspiró en gran medida en el estilo de Horacio.

[10] Aquí Bliss se refiere a “The Tradesman Turned Gentleman, or Le Bourgeois Gentilhomme”, una de las comedias musicales de Molière, estrenada en 1670. Quizás tenía en mente a Madame Lynch al referirse a esta obra, ya que se centra principalmente en satirizar el ascenso social en Francia, un defecto que las mujeres de clase alta encontraban con frecuencia en la Madama. Quizás la mejor obra contemporánea sobre este aspecto de su vida fue Elisa Lynch por Orión de Héctor Florencio Varela (Buenos Aires: La Tribuna, 1870), que, a la manera de Suetonio, buscaba burlarse de los hábitos y prejuicios privados de quienes pertenecían al séquito de López y, al igual que Suetonio, a veces se perdía en la exageración y la parodia.

[11] (N. del A.) Fools rush in where angels fear to tread! [El verso proviene de Alexander Pope (1688-1744), poeta inglés famoso principalmente por sus versos satíricos. Hijo de un comerciante de telas, Pope fue un niño enfermizo, aquejado de una enfermedad de la columna vertebral que lo enfureció con el mundo, una inclinación evidente en sus versos. De formación mayoritariamente autodidacta, alcanzó fama no solo por sus propias composiciones, sino también por sus traducciones de la Ilíada (1720) y la Odisea (1725-1726), que le brindaron independencia económica y le permitieron retirarse con su madre a Twickenham, donde pasó el resto de su vida más dedicado a la jardinería paisajística que a las letras.]

[12] (N. del A.) And squeeze from hard bound brains ten lines a year! [Another line from Pope]

[13] Quizás Bliss pensó que leer esta parte de la Historia secreta serviría a los fiscales como soporífero. Cuanto más somnolientos estuvieran, más disparates podría incluir en el texto.

[14] Francesco Guicciardini (1483-1540), historiador italiano, amigo y crítico de Machiavelli.

[15] En el contexto mencionado, es difícil ignorar la probabilidad de una broma, ya que Bliss probablemente esté pensando en el volumen de poesía decadente de Charles Baudelaire de 1857, Les fleurs du mal. Podríamos añadir una referencia paraguaya más moderna a la poesía del Padre Ascencio Ayala de Capiatá, quien nos ofrece el siguiente fragmento de su Paí-ra Yvoty de 1944:

Rosa encarnada, lirio silvestre Fresco y fragrante clavel poty, No sois tan dulces cual mi campestre, Mi rico incienso Paí-ra yvoty, Blanca sonrise, dicha de triste, Flor encantada del sayoyby, Forma esa planta que al prado viste De rico incienso Paí-ra yvoty.

[16] (N. del A.) ¡Silencio! ¡Oh lobos, mientras Ralfo [Rafael] ladra a la luna haciendo la noche aborrecible! ¡Contestadle oh lechuzas! [Otro verso de Alexander Pope, en este caso de una de sus obras más extensas, “The Dunciad”, publicada en 1735, y que aborda la mediocridad o aburrimiento triunfante de la literatura inglesa en la época de Pope.]

[17] (N. del A.) As headstrong as an allegory on the banks of the Nile. [En este caso, Bliss se refiere al malapropismo, definido como el uso de una palabra incorrecta en lugar de una palabra con un sonido similar, lo que resulta en una expresión sin sentido; el término proviene de la Sra. Malaprop, un personaje de la obra de teatro de Richard Brinsley Sheridan de 1775, “The Rivals”, que a menudo se equivoca al hablar con efecto cómico al usar palabras que no tienen el significado que ella les atribuye. Un ejemplo particularmente evidente se encuentra en el Acto 3, Escena III, donde declara al Capitán Absoluto: «Claro, si algo reprocho en este mundo es el uso de mi lengua profética y un buen desbarajuste de epitafios». Con esta declaración, la Sra. Malaprop espera transmitir algo veraz o profundo, pero termina diciendo disparates, precisamente lo mismo que Bliss reconoce en sus propias palabras en la Historia secreta. Cabe destacar que los malapropismos siguen desafiando al traductor, para quien tales desafíos son problemáticos en todos los sentidos, como en las frases de Sheridan: «Es testarudo como una alegoría a orillas del Nilo» o «Es la piña misma de la cortesía».]

[18] El nombre “Junius” fue utilizado por primera vez como seudónimo literario por el autor de una serie de cartas publicadas en el Public Advertiser (Londres) a principios de la década de 1770. El autor logró ocultar su identidad con tanta eficacia que nunca fue identificado, y aun así, la gente disfrutaba enormemente de las invectivas que dirigía a los políticos conservadores. Washburn, quien había leído las cartas, utilizó este nombre para un personaje de su novela Gomery of Montgomery, pero no es imposible que también lo utilizara como seudónimo en diferentes ocasiones. Todos los miembros de su familia eran aficionados a los apodos. Pero quizás Bliss esté provocando nuestra curiosidad, sabiendo en este caso que los norteamericanos de su generación reconocerían Junius como el nombre de pila de un conocido actor teatral británico de apellido Booth (1796-1852), y cuyo hijo más conocido, John Wilkes, nacido en Maryland, resultó ser un espía confederado y el asesino del presidente Lincoln. La referencia a “Avisos” posiblemente sea una broma dirigida al diario López, El Semanario, que llevaba el subtítulo “Avisos y Conocimientos Útiles”.

[19] El modismo correcto en inglés es “neither fish nor fowl.”

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