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Home ARTÍCULO, HISTORIA, OCTUBRE 2025Los mapas perdidos del Paraguay: cómo los jesuitas cartografiaron Sudamérica con errores de 200 kilómetros.

Los mapas perdidos del Paraguay: cómo los jesuitas cartografiaron Sudamérica con errores de 200 kilómetros.

October 31, 2025• byadministrador

Paraguay y las cartografías de los padres jesuitas.

Por Marco Fano.

Una posición geográfica sobre nuestro planeta se define en base a coordenadas esféricas: latitud (norte/sur, paralelos) y longitud (este/oeste, meridianos). La latitud se mide a partir de cero grados en correspondencia del ecuador (el paralelo de mayor diámetro) hasta 90 grados en el polo. La longitud se mide a partir de un punto de origen convencional: todos los meridianos tienen igual diámetro. Hasta el descubrimiento de América, el meridiano cero, o meridiano de origen, se lo establecía generalmente en la isla del Hierro, la más alejada de las islas Canarias. Era considerada el punto más occidental del mundo conocido, y era conveniente como punto de origen de los mapas, porque de esta manera todas las longitudes utilizadas, al este de la isla, tenían valores positivos y no muy altos. 

Con el descubrimiento de las Américas, esta conveniencia fue puesta en discusión. El mundo conocido se extendió enormemente hacia el oeste, había que resignarse a utilizar valores muy altos o valores negativos. El rey de Francia Luis XIII, o más probablemente su ministro, el cardenal Richelieu, confirmó en 1634 el uso de la isla de Hierro como longitud cero (y también longitud 360° dando toda la vuelta), con valores siempre positivos. Más tarde, muchos países adoptaron para sus mapas un meridiano de origen nacional: Francia, el meridiano de París, Gran Bretaña, el de Greenwich. A mediados del siglo XVIII la situación era bastante confusa, y convivían una serie de opciones para definir la longitud.

La tierra es redonda, y la sola manera de representar correctamente océanos y continentes es hacerlo sobre una esfera, un globo o mapamundi. Pero para usos prácticos, un globo es poco manejable, y es conveniente transferir las informaciones sobre un plano, una hoja de papel. Eso se puede hacer solo proyectando el dibujo de la esfera sobre el plano, y esa operación, complicada de por sí, siempre implica deformaciones. Las inevitables deformaciones se reducen si el plano, la pantalla, no se aleja demasiado de la superficie esférica. El plano, la hoja de papel, no se puede plegar sin estrujarla, sino en dos formas: un cono o un cilindro, que pueden apoyarse a la esfera tangentes a un meridiano o al ecuador (cilindro) o a un paralelo (cono). Por supuesto que estas operaciones son virtuales, basadas sobre cálculos matemáticos.

En Flandes, centro naval y comercial muy importante, vivía un señor Gustav Kremer, geógrafo y matemático, que construía globos terráqueos muy apreciados y vendidos en todo el mundo, y que trazaba y publicaba mapas y atlases. Calculó varias formas de proyección, y una en particular obtuvo mucha difusión y aplicaciones: una proyección cilíndrica con el cilindro tangente al ecuador. Kremer en flamenco quiere decir comerciante, Gustav adoptó como firma la traducción en latín, Mercator, y esa proyección es conocida hasta hoy como proyección de Mercator. La representación del mundo en esa proyección tuvo mucho éxito porque presenta dos características importantes para los navegantes: toda la franja que no se aleja demasiado del ecuador, y que es la más frecuentemente recorrida por los barcos, tiene deformaciones aceptables (mientras que las zonas más lejanas, como el Canadá o la Groenlandia aparecen muy deformadas, y los polos no son representables) y, sobre todo, los mapas mantienen válida la dirección. En otras palabras, si un navegante salía de Cádiz, media la dirección hacia Buenos Aires sobre el mapa de Mercator, y apuntaba el rumbo con la brújula en esa dirección, iba a llegar correctamente al destino. La deformación de la proyección afecta las formas y las distancias, pero preserva los ángulos y el rumbo. Los mapas de que vamos a hablar están trazados con esta proyección.

La técnica del cartógrafo para dibujar un mapa preveía, ante todo, calcular el retículo de meridianos y paralelos en la proyección seleccionada. En base al retículo así dibujado posicionaba los puntos registrados en los documentos de viajeros y exploradores como longitudes y latitudes (generalmente localidades habitadas, cabos o puntos salientes sobre la costa, desembocaduras de los ríos) y después completaba el mapa a mano libre en base a dibujos, descripciones, apuntes y otras fuentes, utilizando como referencias los puntos fijos ya registrados.

Este procedimiento tenía varios límites. Ante todo, mientras que la latitud se podía obtener bastante fácilmente y con precisión utilizando sextantes que medían la inclinación del sol a mediodía, o la posición de la estrella polar de noche, para la longitud no había una manera fácil de medirla. La invención de un sistema para medir la longitud fue el gran problema durante un par de siglos (un libro muy divertido de Umberto Eco, “La isla del día después”, cuenta los disparatados experimentos para tratar de resolverlo), solucionado solo hacia fines del siglo XVIII con la introducción de los cronómetros de precisión, utilizados por primera vez por el capitán Cook en sus tres exploraciones en el Pacífico (desde 1768 hasta 1779). Antes de esas fechas, la longitud se calculaba “a ojo”, registrando el rumbo del barco con la brújula y la velocidad aproximada de la navegación, o con observaciones astronómicas de una de las lunas de Júpiter, factibles solo con telescopios presentes en algunos observatorios. La imprecisión de la medida se ve en los mapas antiguos donde, comparada con los mapas actuales, América del Sur aparece generalmente muy gorda, o a veces demasiado flaca. 

Además de eso, el relieve de las coordenadas era una actividad casi exclusiva de los navegantes, y especialmente de barcos militares. Rara vez se veía por tierra un viajero con brújula, y tanto menos con un sextante. En consecuencia hasta mediados del siglo XVIII los mapas dibujaban la costa con una buena precisión, la colocación de cabos, bahías, puertos y desembocaduras de los ríos era bastante correcta, pero la descripción del interior era generalmente de pura fantasía, basada en vagos relatos y apuntes de viajeros. 

En el Plata los jesuitas de las misiones y de la universidad de Córdoba eran los únicos con los conocimientos e instrumentos necesarios para elaborar cartografías. Los padres de las misiones habían trazado varios mapas locales, útiles para planificar obras, reconocer límites de pertenencia entre los varios pueblos, o la posición y extensión de los yerbales, pero habían elaborado pocos mapas de conjunto.

Mapa jesuítico de 1648, dedicado al general de la orden, Vicente Carafa.  El mapa tuvo una gran difusión por haber sido incluido en el “Atlas Major” de Joan Blaeu, de 1662.

Uno de los primeros que conocemos está contenido en el “Atlas major”, obra monumental publicada en 1662 por Joan Blaeu, probablemente el más importante cartógrafo de la época. En la leyenda, el mapa lleva una dedicatoria al general de la Compañía de Jesús, Vicente Carafa, que tuvo ese título desde el 1646 hasta su muerte en 1649, así que la redacción del mapa debe ser de unos 15 años anterior al Atlas. La dedicatoria a Carafa dice: Aquí te mostramos, por primera vez, el Paraguay. La que era la más remota de las tierras, de ahora en adelante, podrá figurar entre las primeras. Aquí describimos montañas, bosques, ríos, océanos, llanuras incultas. Aquí masas de hombres primitivos vivían desparramadas por estas tierras. Nosotros, tus hijos, los hemos reunido en poblados, y si el cielo nos ayuda a suavizar sus almas, podremos conducirlos a Dios. Para guiarlos, envía aquí a mil de tus elegidos.

Durante todo el siglo sucesivo, los mapas de la región copiaron con pocas variantes este documento, muy impreciso, sobre todo en el curso del río Paraguay y de sus afluentes.

El siguiente mapa de conjunto fue trazado por los padres en 1732, y dedicado al general de la compañía, padre Francisco Retz. El texto de la dedicatoria da una idea de las dificultades encontradas: dedicamos este mapa a nuestro padre, Francisco Retz, 15° general de la sociedad. Sus hijos terrenales padecieron sudor y sangre para poder relevar las medidas necesarias.

Mapa jesuítico de 1732, dedicado al general de la orden, padre Francisco Retz.

El mapa de Retz (lo conocemos así, a pesar de que Retz no participó a su redacción, dado que sus verdaderos autores quedaron anónimos) era muy impreciso, sobre todo en la porción al norte de Corrientes, que reproducía en esencia el mapa de Carafa.

A mediados del siglo XVIII, el explorador y geógrafo más importante del Plata era el padre jesuita José Quiroga. La documentación del padre Quiroga fue recuperada y publicada por Pedro De Angelis en 1836. En la premisa a ese documento, De Angelis escribe: 

Cuando la corte de España mandó explorar los puntos accesibles de la costa patagónica, y los más a propósito para establecer poblaciones, á los pilotos Varela y Ramirez, que vinieron á bordo de la fragata San Antonio, se les asoció el P. Quiroga … A su regreso de esta comisión, los PP. de la Compañía le encargaron levantara el mapa del territorio de Misiones: — obra vasta y difícil, no solo por la naturaleza del terreno, sino por la falta de materiales y recursos. A pesar de estas trabas, aceptó el P. Quiroga este encargo, y después de haber determinado con una prolija exactitud la posicion geográfica de los treinta pueblos de Misiones, y la de las ciudades de la Asumpcion, Corrientes, Santa Fé, Colonia, Montevideo y Buenos Aires, redactó su mapa con los datos que le suministraron las relaciones editas é ineditas de los misioneros, cuando no le fue posible adquirirlos personalmente.

Evidentemente, los jesuitas se daban cuenta de las imprecisiones contenidas en el mapa de Retz, y querían mejorar la calidad de las informaciones geográficas. Desgraciadamente, la empresa se resolvió en un desastre. El mapa se reveló mucho peor del viejo mapa del 1732.

Mapa jesuítico de 1749, impreso en Roma por Franceschelli utilizando datos relevados por padre José Quiroga. El mapa contiene errores groseros en las medidas de longitud, del orden de 160 km, probablemente causados por errores de cálculo de Franceschelli.

El nuevo trabajo fue publicado en Roma en 1749, por el calcógrafo Fernando Franceschelli que, conformándose a la costumbre de su tiempo, agregó en las márgenes varias noticias sobre el Paraguay, y la tabla general de los grados de latitud y longitud. Hemos verificado estos datos, y resulta que mientras las latitudes son por lo general correctas, solo las longitudes a lo largo de la costa (Buenos Aires, Colonia y Montevideo) son exactas. Las del interior llevan todos los errores marcados, están corridas de más de doscientos kilómetros hacia el oeste, cerca de dos grados, y el resultado se puede notar comparando el mapa con uno moderno, que parece estirado hacia la izquierda. Para transformar la longitud que da Franceschelli en la que usamos hoy (meridiano de Greenwich con valores negativos hacia el oeste) hay que restarle 360 grados para obtener la distancia desde la isla del Hierro hacia el oeste, sumarle la distancia desde la isla del Hierro al observatorio de Greenwich (aproximadamente 18,15 grados) y ponerle valor negativo. 

Long. Greenwich = ((360 – long. Hierro) + 18,15) * -1

Relevar la longitud, especialmente por tierra, era muy difícil, y seguirá siéndolo hasta bien entrado el siglo XIX, cuando se consolidó el uso de los cronómetros de precisión, pero, aun así, los errores son groseros. No dispongo de la documentación original del padre Quiroga, pero no me parece creíble que sus medidas tuviesen este nivel de imprecisión. Lo más probable es que Franceschelli se haya embrollado con las conversiones entre distintos sistemas. El mapa lleva las longitudes medidas a partir de la isla del Hierro. Buenos Aires, el probable punto fijo a partir del cual P. Quiroga hizo partir sus medidas, lleva 321°3’, que convertidos dan 58.4 a partir de Greenwich, contra una medida moderna de 58.24, discrepancia más que aceptable. Quiroga difícilmente puede haberse equivocado de 250 km midiendo la longitud de Asunción. El error debe ser de Franceschelli. En ese momento convivían en los mapas medidas basadas sobre la isla del Hierro; las de las muy apreciadas cartas náuticas del almirantazgo británico, basadas sobre el observatorio de Greenwich, que seguimos usando hoy, y las medidas a partir del observatorio de París. La diferencia entre una longitud desde Greenwich y una desde París es aproximativamente de 2°20’, sospechosamente similar al error de Franceschelli. Probablemente, se enredó entre una medida británica de Buenos Aires, considerada justamente la más fiable, y una fórmula de conversión para otras medidas basadas sobre París. 

Esta explicación no satisface del todo porque, como puede verse en el mapa que reconstruí apoyando sobre una base moderna las coordenadas que aparecen en el borde del mapa de Franceschelli (ventaja de disponer de una computadora, que elabora en segundos lo que al pobre Franceschelli costaba semanas o meses) se nota que el error no es del todo sistemático, aumenta un poco mano a mano que se procede hacia el norte.

Las coordenadas que figuran en el borde del mapa de Franceschelli registradas sobre un mapa moderno. Se puede notar como la línea que une las misiones de Yapeyù y San Borja, que debería sobreponerse al curso del río Uruguay, y la línea Corrientes/Asunción, que debería coincidir con el curso del rio Paraguay, están corridas hacia el oeste de casi 200 km.

La línea del río Uruguay, marcada por los pueblos que bordean ese río (de Yapeyù a S. Borja) corre a casi 200 km al oeste de la efectiva posición del río; la del Paraná/Paraguay, marcada aproximadamente por la línea de Asunción a Corrientes, a unos 220 km. Santa Fe parece una excepción, pero no es así. En las tablas de Fraceschelli para Santa Fe no se registra la longitud. En el mapa la ciudad figura, pero evidentemente fue posicionada a ojo.

Sea en el mapa de Franceschelli que en el de Retz o Carafa el río Bermejo desemboca en el Paraná frente a Corrientes, y esta falsa información, corregida por P. Quiroga en su viaje del 1752, persistió en muchos mapas hasta fines del siglo XVIII. 

En 1826 don Pablo Soria exploró el río Bermejo, recorriéndolo desde la provincia de Salta hasta su desembocadura en el río Paraguay. Arrestado por orden del dictador Francia por haber entrado al Paraguay sin autorización previa, Soria trató de disculparse diciendo que se había basado sobre falsas informaciones geográficas, que daban la desembocadura del Bermejo frente a Corrientes. La expedición de Soria tuvo costos elevados, había sido promovida por don Bernardino Rivadavia, y es impensable que haya sido emprendida sin disponer de datos cartográficos más recientes. O lo que alegaba Soria era simplemente una excusa, o la preparación de la expedición presentaba carencias imperdonables.

Otra de las partes muy incorrectas de los mapas de Carafa, de Retz o de Franceschelli es el curso del río Paraguay, y fue precisamente lo que el P. Quiroga tuvo la oportunidad de rectificar poco después, cuando en 1752 acompañó al comisario español, D. Manuel Antonio de Flores, encargado de poner el marco divisorio en la boca del Jaurú, en cumplimiento al artículo 6 del tratado ajustado en Madrid el 13 de enero de 1750. Este reconocimiento, único fruto de aquella laboriosa negociación, fue el último servicio prestado al gobierno español por este docto religioso, y es también el que más honra su memoria. 

Y este es el texto del viaje del Padre Quiroga: 

El río Paraguay tiene su origen en una gran cordillera de serranías, que se extiende de oriente á poniente por centenares de leguas, y pasa al norte de Cuyabá. De esta cordillera bajan al sur muchos arroyos y riachuelos, que juntos forman un bien caudaloso río, que comienza á ser navegable cincuenta o sesenta leguas más arriba del Xaurú. Y todo el río Paraguay, desde dicha cordillera hasta la ciudad de las Siete Corrientes, en donde concurre con el Paraná, es también navegable, aunque sea con barcos grandes: pero estos no son los mejores para vencer las corrientes, para lo cual más aparentes son las falúas de remos, los bergantines ligeros y todo género de jabeques.

Desde el río Xaurú arriba no sabemos que ríos de consideración entran en el Paraguay; pero es de creer que le entran algunos por la parte del este, pues cuando llega al Xaurú ya viene caudaloso. La boca del Xaurú está en 16 grados, 25 minutos de latitud austral: y en 320 grados y 10 minutos de longitud, contada desde la isla del Fierro, hacia el oriente. Viene dicho río de la parte occidental, y es navegable con canoas por algunas leguas. Más abajo del Xaurú se divide el Paraguay en dos brazos caudalosos. El mayor corre con su canal estrecha, pero muy profunda, por medio de los Xarayes: y por esta navegamos con nuestras embarcaciones sin embarazo alguno. El otro brazo corre por algunas leguas por la parte occidental de los Xarayes. Y en este, antes de volver á juntarse con el primero, acaso entrará el río Guabis, que corre desde los pueblos de los Chiquitos, hácia el oriente, á no ser que el Guabis entre en un recodo de la laguna del Caracará, que se comunica con el río Paraguay casi en la parte inferior de los Xarayes.

Más abajo de los Xarayes entra por la parte oriental en el Paraguay, el río de los Porrudos, en la altura de 17 grados y 52 minutos. Este río es bien caudaloso, y en él entra el de Cuyabá, como se dirá en otra parte. Otro brazo de este mismo río entra más abajo, y le dan los portugueses el nombre de Canal de Chiané, y por él suben con sus canoas los Paulistas que navegan á Cuyabá.

El río Tacuarí, que trae también su corriente de la parte oriental, entra en el Paraguay por tres bocas, todas navegables. La más septentrional, por donde bajan los Paulistas, está en 19 grados. En la misma parte del oriente entra con mucha corriente el río Mboteteí, en 19 grados y 20 minutos. En la márgen austral del Mboteteí estuvo antiguamente una población de españoles, que se llamaba Xerez, la cual se desamparó por las persecuciones que padecían de los Paulistas. Estaba esta población á treinta leguas de distancia del río Paraguay, á la falda de la gran cordillera que se extiende norte-sur entre los rios Paraná y Paraguay. En los grandes crecientes bajan por el Mboteteí muchas tacuaras, o cañas muy gruesas, arrancadas de sus márgenes, de las cuales se quedan muchas en las márgenes del río Paraguay. Y es bien reparable, que en todo el márgen de este río, desde el Mboteteí arriba, no se ve una tacuara.

Desde el Mboteteí, bajando por el río Paraguay, se halla el estrecho que ahora llaman de San Xavier, entre unos cerros, en 19 grados y 48 minutos. Uno de los cerros está en el márgen oriental del río, y otros cuatro o cinco se ven en la banda occidental.

Otra notable estrechura tiene el Paraguay más abajo de los tres cerros que están á la parte del occidente, llamados los Tres Hermanos, á la falda de otro altísimo cerro, llamado Pan de Azucar, como doce leguas más abajo de los Tres Hermanos, y es el más alto de todos los que se encuentran desde la Asumpcion al Tacuarí. Está en la márgen oriental, y desde allí se continúa una cordillera hácia el oriente. Hay en la parte occidental, en frente del Pan de Azucar, otro cerro pequeño, y en alguna distancia, á la parte del nord-oeste, se ve otro no muy grande. La estrechura sobredicha, y el Pan de Azucar, están en 21 grados, 17 minutos.

Se halla después, bajando por el Paraguay, la boca del río Tepotí en 21 grados 45 minutos. Luego, al frente de una isla, o algo más arriba, está la boca del río Corrientes, llamado así por la gran corriente que trae. Este río tiene su orígen junto á la fuente del Guatimí, que entra en el Paraná sobre el Salto Grande. El río Corrientes desemboca en el Paraguay en 22 grados y 2 minutos. A dos o tres leguas de distancia se ve al sudoeste el cerro de Galvan, que está solo en la banda occidental. Aquí baja de la parte del este un ramo de la gran cordillera. A la banda del sur de dicho río hay también muchos cerros, y una angostura de mucha corriente, con peñasquería á los lados del río, y se llama este paso Itapucú-guazú. Está a 22 grados y 10 minutos. Más abajo está una punta de cordillera que forma otra angostura, y remata dicha punta en peña cortada, y distará como ocho leguas del Itapucú-guazú.

Entra más abajo, por el margen oriental, el río Guarambaré, en 23 grados y 8 minutos, y en frente de la boca hay una isla. Por los 23 grados y 21 minutos se hallan unas piedras esparcidas en medio del río, por lo cual conviene en esta altura navegar con cautela. El río Ipané-guazú desemboca en el Paraguay, en la latitud de 23 grados 28 minutos. Su boca tiene al frente una isla. Baja este río de los yerbales que están al norte de Curuguatí, y tiene su orígen cerca del Guatimí. En los 23 grados 51 minutos entra en el Paraguay, por el márgen occidental, el río de los Fogones: y más abajo, á corta distancia, entra por la misma banda el río Verde. Al frente de estos dos ríos hay cuatro islas. Más abajo, en la Banda Oriental entra el Ipané-miní en 21 grados y 2 minutos.

Más abajo del Ipané-miní, en 24 grados y 4 minutos, hallamos que la aguja miraba derechamente al norte: y no se puede atribuir á otra causa que á la cercania de algún mineral de fierro ó de piedra iman, de lo cual hay bastante en la jurisdiccion del Paraguay. En los 24 grados y 7 minutos entra por la Banda Oriental el río Xexuí, que viene de los yerbales del Curuguatí, y se navega tal vez con barcos cargados de yerba, aunque con mucho trabajo, por los malos pasos que tiene. En los 24 grados y 23 minutos entra, por la parte oriental, el Cuarepotí: en los 24 grados y 29 minutos, el Ibobí. Más abajo en los 50 minutos del mismo grado, entra por el mismo lado el Tobatí en un brazo del Paraguay, en cuya entrada á la punta de la isla que está más al sur (y es la primera punta cuando subiendo se entra en dicho brazo) hay dos piedras que llegan á la flor del agua, de las cuales conviene que se aparten los barcos, o que tomen el rumbo por lo más ancho del río, dejando á la parte de oriente la isla. En el Tobatí entra, antes de su caída en el Paraguay, el río Capiatá.

En los 24 grados 56 minutos le entra al Paraguay, por el occidente, el río Mboicaé. En los 24 y 58, poco más arriba del fuerte de Arecutacuá, entra por el oriente el Peribebuí: y más abajo, en 25 gr. y un minuto, entra por la misma banda el río Salado. Poco más abajo, casi en la misma altura, entra por la márgen occidental el río Piraí.

La ciudad de la Asumpcion está en 25 gr. 17 min. 15 segundos de latitud; 320 gr. 12 min. de longitud, según algunos demarcadores. Otros hallaron 25, 16 de latitud; 320, 10 de longitud. Poco más abajo entra por tres bocas, por la márgen occidental, el famoso río Pilcomayo, que trae sus aguas de las cerranias del Potosí, y corre por medio del Chaco. En los 25 gr. 32 min. hace el Paraguay una estrechura, que tendrá solo un tiro de fusil de una ribera á otra, y está en este parage el fuerte que llaman de la Angostura. El Tebicuarí entra en el Paraguay por el oriente, en 26 gr. 35 min. Bajan por este río los barcos de Nuestra Señora de Fé y de Santa Rosa.

El Río Grande, o Bermejo, entra en el Paraguay por occidente en 26 gr. 54 min.; y dista su boca de la ciudad de las Corrientes, once leguas por al aire, que por el río son 17, o 18. Viene el Bermejo de las serranías que están entre Salta y Tarija: atraviesa gran parte del Chaco: el color de sus aguas es algo bermejo. Juntándose con el Paraguay, inficiona las aguas de este, de suerte que son poco saludables sus aguas, hasta que concurre en las corrientes con el Paraná. Se juntan los rios Paraná y Paraguay al frente de esta ciudad, que está situada sobre la márgen oriental, en 27 grados y 27 minutos de latitud, 319 y 55 minutos de longitud. Llámase ciudad de las Siete Corrientes, porque el terreno en donde está la ciudad, hace siete puntas de piedra, que salen al río, en las cuales la corriente del Paraná es más fuerte. Desde aquí pierde el nombre el Paraguay, porque el Paraná, como más caudaloso conserva el suyo hasta cerca de Buenos Aires, donde, junto con el Uruguay, corre hasta el mar con el nombre de Río de la Plata: llamado así, porque llevaron desde aquí algunas alhajas de plata y oro los primeros conquistadores del Paraguay, las cuales alhajas habían traído los indios del Paraguay en la primera entrada que hicieron á los pueblos del Perú con Alejo García y sus compañeros, según se halla escrito en la Argentina de Rui Diaz de Guzman.

Hemos reproducido las indicaciones de Quiroga sobreponiéndolas a un mapa moderno.

Las coordenadas indicadas en la relación de padre José Quiroga, sobrepuestas a un mapa moderno. Los tres puntos para los que registró la longitud (Xaurù, Asunción, Corrientes) están marcados en rojo. Los otros puntos están posicionados en base a la latitud, y a una longitud fija genérica. Los puntos verdes indican la desembocadura de un río proveniente del oeste (p. ej. Bermejo) los amarillos del este (p. ej. Tebicuarì). Los puntos azules corresponden a otras indicaciones, p. ej. angosturas, cerros, etc. Los triangulitos blancos representan las coordenadas de Franceschelli corridas de 1,7 grados.

Las medidas que se refieren a la latitud son todas notablemente precisas. Quiroga registra la longitud solo para tres puntos: la boca del Xaurù (o Jaurù), y las ciudades de Asunción y Corrientes. Pero con estos tres puntos y con las descripciones y apuntes sobre la dirección y las curvas del río, fue posible dibujar correctamente el trazado del río Paraguay.

De estas informaciones se valió D. Luis de la Cruz Cano de Olmedilla para la formación de su gran mapa de América meridional, trazado en Madrid en 1775, y reproducido por Faden en Londres en 1799.

Detalle del gran mapa de D. Luis de la Cruz Cano de Olmedilla (1775), que pudo utilizar las informaciones de p. Quiroga, y que coloca correctamente la desembocadura del río Bermejo.

Esta discrepancia de un cuarto de siglo da una idea de la mentalidad española de la época. Sea los datos de Quiroga que el mapa original de Olmedilla se los consideraba casi como un secreto de Estado. El mapa recién tuvo difusión después que los ingleses se apoderaron, prácticamente de contrabando, de un ejemplar que copiaron, imprimieron y difundieron ampliamente. Y solo a partir de esa fecha, el resto de los mapas publicados colocaron correctamente la desembocadura del río Bermejo y el trazado del río Paraguay. Medio siglo después de la exploración de P. Quiroga.

La expulsión de los jesuitas en 1767 marcó el final de estas actividades explorativas y cartográficas. El rey de España, Carlos III, que los había expulsado, alentó varias iniciativas y expediciones importantes, cuyos resultados, en buena parte en consecuencia de la incapacidad e ignorancia de su hijo y sucesor, Carlos IV, nunca fueron difundidos o publicados (expediciones de Azara, Alvear, Malaspina). Para obtener nuevos relieves y mapas más precisos y detallados habrá que esperar otro siglo, y otras naciones (T. Page, Estados Unidos, 1854; E. Mouchez, Francia, 1856).

Detalle de un mapa de D’Anville, Londres, 1775, reeditado sin muchas variantes en 1794. Las noticias viajaban con dificultad en la época, y mientras Cruz Cano de Olmedilla publicaba en Madrid su magnífico mapa con las precisas indicaciones del padre Quiroga, en Londres, en la misma fecha se publicaba el mapa de D’Anville, más impreciso, que todavía indica la desembocadura del Bermejo frente a Corrientes, como en el mapa de Franceschelli. Y las mismas indicaciones se conservan en la reedición del mapa en 1794.

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