TORO PICHÃI: LA MEMORIA QUE SE NIEGA A DESAPARECER
El histórico edificio de La Piedad —sede de la Academia Paraguaya de la Historia y de la Sociedad Científica del Paraguay— se transformó, el 16 de octubre, en el punto de encuentro de historiadores, académicos y lectores unidos por un mismo propósito: rescatar la memoria del silencio. La ocasión fue el lanzamiento de Toro Pichãi. El Comisionado de Azcurra, la más reciente obra del investigador y guionista paraguayo Rodrigo Cardozo Samaniego, un libro que reabre uno de los capítulos más dolorosos y largamente reprimidos del pasado paraguayo.
El evento superó todas las expectativas. La primera tirada, de cien ejemplares, se agotó en menos de dos días, lo que llevó a la editorial ArandúBook a anunciar una segunda edición para noviembre, junto con presentaciones en Asunción, Concepción y Pedro Juan Caballero. El éxito inmediato del libro confirma lo que muchos ya sospechaban: Toro Pichãi no es solo una investigación histórica, sino un acto de memoria, un puente entre el pasado silenciado y la necesidad actual de comprender.
El embajador Ricardo Scavone Yegros, miembro de la Academia Paraguaya de la Historia y uno de los historiadores más respetados del país, presentó el libro durante el acto de lanzamiento. En su discurso, elogió la investigación de Cardozo por su “rigor, humanidad y profundidad crítica al restaurar testimonios silenciados por más de un siglo“. Scavone destacó el valor de traer a la luz un episodio que la narrativa oficial intentó olvidar durante tanto tiempo: la Masacre de Concepción, ocurrida entre abril y mayo de 1869, en la fase final del gobierno de Francisco Solano López.
A través de un meticuloso trabajo de archivo —basado en fuentes paraguayas, brasileñas y argentinas, además del Archivo Nacional de Asunción—, Cardozo reconstruye la atmósfera trágica de sospecha y castigo que envolvió al norte del Paraguay durante los últimos meses de la Guerra Grande. Su narrativa sigue el destino de los acusados de traición y ejecutados por orden directa del Mariscal, centrándose en una figura emblemática: el capitán José Gregorio Benítez Brítez, conocido como Toro Pichãi, quien encabezó la comisión encargada de las ejecuciones.
Años después, atormentado por sus recuerdos, Benítez relataría su versión de los hechos al escritor Héctor Francisco Decoud, quien la publicaría en 1926 bajo el título La masacre de Concepción ordenada por el Mariscal López. Cardozo revisita esa confesión, la confronta con otros documentos y testimonios de la época, y la convierte en la columna vertebral de una obra que entrelaza historia, memoria y reflexión moral.
Uno de los elementos más impactantes del libro está en su presentación visual. La portada, creada por el ilustrador Ale Espinosa Elizalde, fue elaborada con la asesoría del especialista en uniformes militares Alberto Del Pino Menck, quien garantizó la precisión histórica de los trajes, insignias y armamentos. El resultado —mitad soldado, mitad fantasma— capta la esencia de la obra: el rostro del ejecutor, dividido entre obediencia y remordimiento, símbolo de una nación aún atormentada por su pasado no resuelto.
Durante décadas, la historia de las ejecuciones de Concepción fue completamente prohibida. Bajo los regímenes autoritarios de Rafael Franco, Higinio Morínigo y Alfredo Stroessner, el episodio fue borrado del discurso público. Mencionarlo equivalía a desafiar el culto oficial en torno a López, cuya imagen estaba protegida por capas de mitología política. La obra de Cardozo, por tanto, logra algo extraordinario: después de casi un siglo, devuelve al debate nacional una verdad silenciada, documentada con precisión y narrada con empatía.
El prólogo, escrito por la historiadora argentina Dra. Liliana María Brezzo, de la Universidad Nacional de Rosario, añade una capa interpretativa fundamental. Brezzo analiza la violencia no solo como instrumento político, sino como pedagogía del poder. Destaca cómo el estudio de Cardozo revela la maquinaria represiva de la época, al mismo tiempo que ilumina formas de resistencia —especialmente las protagonizadas por mujeres—. “La violencia”, escribe, “tenía tanto un rostro político como doméstico; moldeó cuerpos, conciencias y memorias. Las mujeres no fueron solo víctimas, sino agentes históricas. Sin ellas, la Guerra de la Triple Alianza permanece incompleta.”
Esa perspectiva atraviesa todas las páginas de Toro Pichãi, otorgándole a la obra una resonancia ética que la eleva por encima de la historiografía tradicional. La prosa de Cardozo, precisa y profundamente humana, transforma fragmentos de archivo en narrativa viva. Su escritura es, a la vez, rigurosa e íntima, invitando al lector a confrontar no solo lo que ocurrió, sino lo que aquello significó: para quienes lo sufrieron y para las generaciones que heredaron el silencio.
En definitiva, Toro Pichãi. El Comisionado de Azcurra es mucho más que una reconstrucción histórica: es una meditación sobre el poder, la obediencia y la culpa; un ajuste de cuentas con los fantasmas del pasado paraguayo; y un recordatorio de que la historia, cuando se cuenta con honestidad, tiene el poder de sanar. La obra de Rodrigo Cardozo devuelve la voz y la dignidad a quienes les fueron negadas, demostrando que recordar es, en sí mismo, un acto de justicia.
Texto: Gentileza del autor.
