EQUILIBRIO
sobre la invisible cuerda
que une la noche con la mañana,
yo camino sin miedo,
sin cesar, tantas veces.
Los asombrados ojos de los pájaros
se clavan fijamente en los míos.
Nadie aplaude,
aunque los vientos contienen su respiración
y las lluvias se detienen bruscamente.
La araña al tejer su telaraña
entre las ramas del árbol
hace mayor ruido que mis pasos.
Mientras avanzo guardo el equilibrio
cumpliendo con las formas
exquisitas de la magia.
Abajo tiembla
el vacío,
el pasmoso abismo.
Mis pasos de araña humana
van tejiendo, día a día,
firmemente,
los espléndidos hilos de la vida
y la aplazada muerte.
DELFINA ACOSTA
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