• Facebook
  • Instagram
  • TikTok
Skip to content
Visit Sponsor
Parnasus
  • Inicio
    • Sobre Parnasus
    • Servicios Editoriales
  • Sobre Parnasus
  • Calendario Paraguayo
  • Editores y colaboradores
  • Servicios Editoriales
  • Nuestros autores
  • Edición Actual
  • Archivo Jerry Wilson Cooney
Home ARTÍCULO, HISTORIAEl libro más extraño de la Guerra de la Triple Alianza: segunda entrega de las selecciones de la Historia secreta de Porter Bliss.

El libro más extraño de la Guerra de la Triple Alianza: segunda entrega de las selecciones de la Historia secreta de Porter Bliss.

March 30, 2026• byadministrador

Por Thomas L. Whigham.

En un artículo reciente que publiqué en El Nacional (Asunción), afirmé que el libro más extraño —y, al mismo tiempo, menos conocido— producido durante la Guerra de la Triple Alianza fue la Historia secreta de la Misión del ciudadano norte-americano Charles A. Washburn, cerca del Gobierno de la República del Paraguay por el ciudadano americano, traductor titular (in partibus) de la misma Misión, Porter Cornelio Bliss BA (¿Luque?: Imprenta Nacional, 1868). Esta obra, compuesta por el secretario de la legación norteamericana en Asunción, pretende contar cómo Charles Ames Washburn, ministro de los Estados Unidos en Paraguay, se entró en un complot con una banda de traidores paraguayos para derrocar al régimen del mariscal López en 1868. Dado el carácter dramático de esta afirmación, no es de extrañar que la Historia secreta atraiga tanta atención por parte de los lectores de las generaciones posteriores, y esto a pesar de que no es un relato verídico.

Como expliqué en el artículo anterior,[1] hubo un tiempo cuando consideré publicar una nueva edición anotada para que los lectores paraguayos pudieran conocer mejor la Historia secreta para juzgar su papel en la historiografía nacional. Desafortunadamente, se produjo una serie de contratiempos, uno tras otro, que arruinaron mi proyecto. El factor más importante fue que perdí casi la mitad del texto (y las anotaciones), cosas que no puedo reemplazar fácilmente. Al final, en el artículo de El Nacional, ofrecí brindar a los lectores una breve muestra de la Historia secreta —las primeras siete páginas de unas sesenta y tres que tengo disponibles— para darles una idea de lo que se trataba.

Observe que Porter C. Bliss, el desafortunado autor del libro, se vio obligado a producir una obra que sustentara una versión absurda de la supuesta trama. Y eso fue precisamente lo que hizo, llenando página tras página con disparates que engañarían al padre Fidel Maíz y los demás interrogadores. Dediqué mucho tiempo a desvelar algunos de estos detalles más extraños, colocándolos bajo mi análisis en las anotaciones. Incluso quienes creen en una conspiración pueden reconocer la inconfundible influencia de la coerción en esta obra.[2]

Bliss dedicó tres meses a redactarla, calculando que cuanto más se dedicara a la tarea, mayor sería la posibilidad de que el ejército aliado lo rescatara. Durante este tiempo, fue acosado a diario por Maíz, quien, aunque nunca sometió al norteamericano a torturas, le dejó claro que las cosas podrían salirle mal si no escribía según lo prescrito. En un tono de sarcasmo melancólico, Bliss explicó más tarde a los miembros del Congreso estadounidense que Maíz “había estado encarcelado durante tres años acusado de haber encabezado una conspiración anterior y… se creía que era la persona más adecuada para perseguir a quienes participaban en nuevas conspiraciones”.[3]

Tras ofrecer a mis lectores las primeras siete páginas de la Historia secreta, les pregunté qué opinaban y, en particular, si querían leer más de esta obra tan curiosa. Recibí respuestas diversas, lo cual no me sorprendió, ya que todo lo relacionado con el libro es ambiguo. Un académico paraguayo me envió un correo electrónico indicando su opinión de que “todos estarán de acuerdo en que el libro que Bliss escribió está lleno de disparates que no merecen mayor consideración, pero no así sus comentarios, que considero excelentes piezas históricas que deben publicarse cuanto antes”.

Así que descubrí que el tema despertaba suficiente interés como para justificar la publicación de más de la Historia secreta. Sabía que podría publicar unas sesenta y tres páginas, de las cuales ya había publicado siete con El Nacional. Tras haber conversado sobre el tema con la editora Tahiana Larissa, hemos decidido publicar una columna regular o semirregular en la Gaceta Parnasus que incluirá la parte del texto de Bliss que poseo, junto con mis anotaciones y aclaraciones. De esta manera, podremos exponer a la joven generación de paraguayos a una de las obras literarias más inusuales que ha entrado al corpus nacional desde una dirección oblicua. Se recuerda a los lectores que el texto que poseo está incompleto y se anima a otros investigadores a colaborar y aportar sus propias contribuciones.

Comenzamos aquí con la página ocho:

con- movido de lástima hacia el joven, tan cruelmente herido en su buena fama, pronunció fallo en su favor. Enseguida, el cliente buscó a su defensor, y con lágrimas de gratitud, saltando de sus ojos, decía “¡Caramba Doctor! Ud. ha hecho milagros en mi favor! Yo no había comprendido antes toda la injusticia de aquel malvado que quería destruir mi buena fama! Pero Ud. me ha salvado! Yo no tengo dinero para pagarle, pero aquí está la pistola (sacándola de su pecho) que quiero dar a Ud. en prueba de mi reconocimiento! Si nuestro héroe hubiera tenido la suerte de encontrar quien salvase su reputación, probablemente le habría dado las cucharas! Lo indudable es que nuestro héroe pasaba aquellos pocos meses de su carrera en Washington, entregado a los placeres y las orgías de la Capital, sembrando su avena silvestre, según el refrán, en unión con una juventud disoluta que encontraba allí, y dejaba allí bien establecido su carácter de tunante, de aficionado a la botella, al juego y a los placeres de la mesa! Reformó su religión con el nuevo dogma de hacer un Dios de su vientre, y concibió el firme propósito de “adquirir dinero, honradamente si es posible; pero en todo caso, ¡adquirir dinero!” Confirmóse entonces su actual pasión dominante por el oro, hasta tal extremo, que uno que le conoce bien, ha dicho de él, “sería capaz de robar los cobres de los ojos de un difunto Africano!” y que “si el diablo tendiese sus redes para Washburn, con el cebo de medio real, cogería su alma!” Pero Lucífero no es tan mezquino como nuestro héroe, y le ha echado su cebo de buenos miles de onzas![4]

Se impresionó de la exactitud de la observación de cierto viajero francés, quien había escrito de los americanos: “estos yankees son una gente incomprensible, —tienen cincuenta religiones y una sola sopa!”[5] y de la opinión del mismo viajero epicúreo que “el que descubre un nuevo plato, hace un mayor servicio a la humanidad que el astrónomo, que descubre un nuevo planeta!”[6] En verdad, el apetito insaciable de nuestro héroe deja muy atrás al del célebre enfermo, quien después de haber comido dieciséis huevos de ganso, y abordado el décimo-séptimo, dijo a su hijo que le pedía uno, “¡vaya! muchacho, salga de aquí, su pobre papá está enfermo!”

Hemos acompañado a nuestro ambicioso joven en la escogida carrera de sus grandezas; —en aquella predestinada vía de que él creía poder exclamar “Excelsior! Sic itur ad astra!”[7] Pero que, cual los vistosos caminos, bordados de lujosos árboles, que parten de Buenos Aires para los Pampas, van a parar en una vizcachera! Hemos visto el risible éxito del extremo de nuestro consumado talento en el teatro del gran mundo, —y cómo bajó el telón en medio de una lluvia de gatos muertos con que el respetable público premió los ensayos de tan brillante actor! Verdaderamente, estos penosos episodios excitan nuestra lástima, y no podemos menos de exclamar: —”subió como un cohete y bajó como un palo!” o bien que “ensayó con alas de águila el sublime vuelo, y cayó sobre el techo del galpón!” ¡Hélas! que sus alas no eran muy bien pegadas, y cual un nuevo Ícaro, los rayos del sol derritieron la cera!” ¡Hélas! Que exclama un poeta, “¡cuán ardua es la tarea de subir a la enriscada peña desde donde brilla el soberbio Templo de la Fama!”[8] ¡Hélas! que tuviésemos que constatar, “parturiunt montes, nascitur ridiculus mus”[9] ¡Hélas! que apenas sentado nuestro héroe — “High on a throne of state which far outshone The wealth of Ormus and of Ind”[10] hubiese que ver apagado su farol en tinieblas tan opacas que no sabríamos encontrar la “chispa de Prometeo, que pueda encender, su luz de nuevo!”[11] Pero, hasta de estériles lamentos, pues nuestra carrera es todavía larga y tenemos que seguir a nuestro héroe en su lúcido pelerinage [sic] a campos frescos y de hesas [sic] nuevas! No sabemos a punto fijo en qué se ocupó nuestro héroe durante los dos años que sucedieron a sus pasajeras glorias en Washington. Solo sabemos que cual el hijo pródigo, volvió a la casa de sus padres quienes, seguramente no le aguardaron con la ternera gorda, sino que más bien exclamaron “un penique de baja ley siempre vuelve a su dueño!” y suspiraron “el lugar que ocupa vale más que su compañía!” Sin duda, el itinerario de viaje de nuestro héroe durante este oscuro intervalo suministraría abundante materia para ilustrar la versatilidad de sus talentos, pero “carecieron del inspirado bardo!” (vatis caruerunt sacri!) y forzosamente tenemos que dejar en nuestros anales este hiatus valdé deflendus! (penoso vacío).

En el año 1852, el desengañado aspirante a los honores del Estado se encontró en viaje para California, el nuevo Eldorado, nuevo “campo de sus habilidades”, mediante un boleto de pasaje que por influencia de familia le suministró gratis la compañía de navegación entre Nueva York y San Francisco. Prolijo fuera referir con toda la copia de detalles que poseemos, la infinita variedad de episodios que llenó la vida de nuestro héroe, durante los seis años, poco más o menos, que pasó en la tierra de oro.[12] Pasaremos, como sobre ascuas, por la lastimosa historia de sus infinitos percances como lavador de oro, cuya ocupación abandonó por falta de habilidad en una tarea que consideraba infra dig; —volviendo sus miras a una mina más rica en una mesa de juego, donde desplegó con más éxito sus talentos con los conocidos recursos de “hocus pocus”, “el chistadercito [sic]”, “ahora lo ve Ud. —ahora no!” en la profesión de tahúr. Tuvo también su intervalo de estudios científicos en el noble ejercicio de la farmacia detrás del mostrador de un boticario, y aprendió a echar unas recetitas de aquella clase que Macbeth quiso “echar a los perros” que hasta el día no ha olvidado del todo. Su práctica de medicina era atendida con el mismo éxito moderado que había alcanzado en tantos otros ramos; debido sin duda al haberse propuesto como modelo, en vez de las anticuadas doctrinas de Galeno e Hipócrates, las modernas luces del Doctor Sangrado! o quizá el “Médico de Palos” de Molière.[13] Basta decir que los mineros que consultaron a tan eminente facultativo, generalmente tomaron la acertada precaución de encargar sus cajones fúnebres de antemano!

No atinamos a comprender cómo nuestro héroe no haya desarrollado por aquel entonces una afición por la única ocupación honrada para la que verdaderamente tiene un talento pronunciado. Esta ocupación es la de aquellos mercaderes ambulantes que en los Estados Unidos son llamados pedlars,[14] y que ganan una vida muy regular, vendiendo por las calles o por los lugares de la campaña los tesoros de un almacencito que llevan a cuestas! Las ganancias de este honrado ramo de industria se aumentan a menudo, por el sencillo artificio de añadir el rol de fabricante al de comerciante, y vender por ejemplo bajo el nombre de nuez moscada, unas bolitas de madera del mismo tamaño, pero que cuestan mucho menos, y no han tenido que pagar derecho de aduanas!

Los individuos de la persuasión Hebrea pudieron también haber enseñado a nuestro héroe algunos pequeños secretos tocantes al comercio de joyas y alhajas de estaño dorado, mediante cuyos conocimientos no dudamos por un momento que nuestro héroe habría bien pronto llegado al ápice de su profesión, y hoy podría gozar de los honores de primer pedlar de América, en vez de la menos relevante fama que ahora le cabe de ser el peor diplomático del mundo! Habría sido no solo el ornamento de su profesión sino su magnus Apollo y su esbelta figura tomaría su correspondiente lugar a la cabeza de los Lares y Penates de la industria itineraria!

No pudo estar nuestro héroe contento por mucho tiempo, en ninguno de los muchos puntos que en sucesión habitaba, y que dejaba porque el clima no le sentaba bien; —¡era demasiado caliente! O alguna vez por motivo de una insinuación (con la puntita de la bota) de parte de los habitantes, que les haría un distinguido favor si les dejase un rollo de su luciente pelo, por vía de recuerdo, e imprimiendo enseguida unas cuantas pisadas en la arena con dirección a alguna otra comarca!

El estado de la sociedad en California durante los años de la vida nómada de nuestro héroe por allí, era tal que ha dejado hondas raíces en su carácter, gustos y aflicciones. Era un estado de semi-barbarie, cuando la mano de cada hombre (como la de Ismael) era vuelta contra todos sus vecinos. La única ley reconocida era la llamada “Ley del Juez Lynch”, es decir las decisiones inapelables del populacho enfurecido.

Cada noche era testigo de incalificables escenas de desorden y abierta lucha, en las fondas y pulperías; algo semejante, aunque mucho peor, al actual estado de la población gaucha del Río de la Plata.[15] Cuéntase que cada mañana, la moza de fonda, barriendo la sala, solía recoger medio almud de ojos que habían sido dejados por sus huéspedes de la noche anterior como resultado del uso del puño y del puñal en sus amistosas diferencias! Y uno de los saludos matutinales más frecuentes era la interesante pregunta “¿cómo ha perdido su ojo?”

Del medio de semejantes escenas, pasó nuestro impávido héroe a San Francisco, donde reinaban las mismas costumbres, aunque con mayor exceso de escándalo y depravitud [sic]. Allí encontró por fin el “Campo de sus habilidades naturales” en los bajos fondos de la intriga política, en la ciudad peor administrada del mundo y donde más abundaba el crimen! Pronto Washburn se descolló de entre tan escogida horda de politicastros y empezó a ser conocido como jefe de un círculo de turbulentos demagogos! Pudo entonces exclamar ¡Eureka! ¡Eureka![16] porque era realmente en este camino que debía medrar y alcanzar por fin los honores del Estado! Pero todavía no estaba saciada la ira de las Parcas! todavía tenía que experimentar las amarguras de la persecución! El estado de cosas a que hemos aludido no podía durar para siempre, el escándalo era demasiado y gritaba al cielo para una reforma por cualquier modo!

La administración de la ciudad de San Francisco estaba en las manos de los cofrades de Washburn, hombres depravados, cuyo dominio era un verdadero “reinado de terror”! Al fin los ricos y honrados ciudadanos se sublevaron contra sus criminales mandatarios, y en un momento de felicísima inspiración, organizaron el famoso “Comité de Vigilancia”, el

el desafío, y le llevaron enseguida a altas horas de la noche, a una galería de tirar para ejercitar su temblorosa mano con el rifle, pues el duelo era según la bárbara práctica dominante, con rifles a cuarenta pasos. La mañana siguiente, se efectuó el duelo en que, después de cambiado cinco tiros (tres de los cuales por parte de Washburn salieron antes de tiempo, por la inseguridad —según decían— de su mano), nuestro héroe salió malamente herido en el hombro, quedando incólume su adversario. Este incidente tuvo no pequeña influencia en la futura próspera fortuna de nuestro politicastro. Dque, suprimiendo con mano fuerte las indignas autoridades cívicas, organizó un código improvisado de leyes a estilo de Draconte, y mandó al patíbulo por docenas a los más atrevidos de los rufianes que antes dominaron a la Metrópoli![17] En tales circunstancias, la vida de Washburn no habría sido segura en San Francisco, y días antes de estallar lo más recio de la tormenta, tuvo la fortuna de poner su pellejo a salvo a bordo de un paquete con destino al Istmo de Panamá de donde pasó de regreso a Nueva York.

Eran cuasi milagrosas las circunstancias a que debió nuestro héroe su salvación en tan crítico momento.

Era en el año 1856, cuando se agitaba la elección presidencial, de la que salió electo James Buchanan (el antecesor de Lincoln), siendo el candidato opuesto en cuyo favor se había alistado Washburn, John Charles Frémont (después General), ciudadano del mismo Estado de California.[18] Los intrigantes del círculo de Washburn le habían elevado al grado de mártir de causa, a consecuencia de un duelo que tuvo con un rival político, llamado Washington (pariente del ilustre fundador de la República norteamericana).[19] A pesar de su absoluta falta de valor personal, Washburn, después de haber apurado sendas copas de coraje holandés,[20] había sido persuadido por sus correligionarios a aceptarespués de curada su herida, él fue designado por su círculo, para proceder con otros pájaros del mismo plumaje a representar el ilustrado sentimiento público de San Francisco en la convención de Filadelfia, la que le designó a Frémont como candidato para la presidencia. ¡Como dejamos dicho, él tuvo por conveniente dejar su patria para el bien de ella!”[21]

Nota del editor

Como podemos ver en este fragmento de siete páginas, Bliss ansiaba brindar a sus lectores —es decir, a sus interlocutores— información biográfica detallada sobre Washburn y su familia. Si bien era improbable que los lectores paraguayos conocieran alguno de estos detalles, Bliss no se apartó demasiado de lo que se conocía ampliamente en Estados Unidos sobre la familia Washburn. Por lo tanto, hay relativamente pocas exageraciones bromas en esta sección. Solo podemos suponer que, en esta etapa del proyecto, Bliss quiso convencer al Padre Maíz de que tomaba en serio sus instrucciones y que redactaría su narrativa en consecuencia. En nuestras próximas selecciones de la Historia secreta, el tacto y la obediencia de Bliss no serán tan evidentes.

Notas

[1] “La Historia secreta de Charles A. Washburn, por Porter Bliss: Primeras Páginas”, El Nacional Cultura (Asunción), 16 noviembre 2025.

[2] Richard Burton se refirió a la Historia secreta como “un cúmulo de disparates indigestos, que arrastra a las señoras Harris y Partington, citando todos los idiomas de Europa y a todos los poetas, desde Gray hasta Tennyson; su único objetivo es insultar al señor Washburn, describiendo su ‘ciego rencor contra el mariscal presidente’… este ‘antiwashburnismo’ fue debidamente remitido a todas las potencias de Europa; vi una lista de ellas en los propios escritos del mariscal presidente. Nada podría ser más simple, más propio de un avestruz, que acusarse así mediante un documento que lleva en su cara los signos de la compulsión”. Ver Richard Burton, Letters from the Battle-Fields of Paraguay (Londres: Tinsley Brothers, 1870), pág. 129.

[3] Ver “Testimony of Porter C. Bliss (Washington, 24 de abril de 1869)”, en el Congreso de los Estados Unidos, Report of the Committee on Foreign Affairs on the Memorial of Porter C. Bliss and George F. Masterman in Relation to their Imprisonment in Paraguay. House of Representatives, May 5, 1870 (The Paraguayan Investigation) (Washington: GPO, 1870), pág. 146 [énfasis en el original], y passim.

[4] Washburn no era más codicioso que el norteamericano promedio de su época; ansiaba ganar dinero siempre que podía. Esta inclinación se veía avivada por una profunda envidia del éxito de sus hermanos en los negocios y la política. Ansiaba emularlos de alguna manera, y encontrar oro en California o fama en el cuerpo diplomático marcaría la diferencia. Ver Theodore A. Webb, Seven Sons. Millionaires & Vagabonds (Victoria, B.C.: Trafford, 1999), pp. 151-153, 168-169.

[5] [Nota del Autor: referencia al viajero francés no identificada en el original.]

[6] [Nota del Autor: ídem.]

[7] “¡El más grande! Así se llega a las estrellas.” Probablemente derivado de Virgilio, Eneida, 9.641.

[8] [Nota del Autor: Alas! how hard a task it is to climb the steep.]

[9] [Nota del Autor: Las montañas parieron, y nació un ridículo ratón.]

[10] [Nota del Autor: “Alto sobre un trono de Estado que brilló con más lucidez que toda la riqueza de Ormus y de las Indias.” La cita proviene del segundo libro de El Paraíso Perdido de Milton. Ormus, término derivado de la religión zoroástrica, se refiere a Ormuz, isla iraní en la desembocadura del Golfo Pérsico.]

[11] [Nota del Autor: Otelo, Acto 5, Escena 2. “No sé dónde está esa chispa prometeica / ¡Que pueda reavivar su luz!” Prometeo era un titán en la mitología griega que robó el fuego del cielo y fue castigado eternamente.]

[12] La historia habitual sobre Charles Ames Washburn es que se fue a California para hacer fortuna lejos de la influencia de su familia. Ver Theodore A. Webb, Seven Sons, pp. 151-153, 168-169.

[13] La siguiente generación de lectores paraguayos encontró más que disfrutar e imitar en los escritores franceses (Hugo, Pierre Loti, Verlaine, Mallarmé, Flaubert, Huysmans) que en los autores anglosajones que Bliss parece preferir.

[14] changadores.

[15] Esta no es una descripción inexacta de San Francisco en la década de 1850, pero el testimonio de Bliss sobre el vigilantismo en California da a entender que Charles Ames Washburn se sentía cómodo con la violencia y el caos. Véase Webb, Seven Brothers, 160-165.

[16] [Nota del Autor: “¡Lo he encontrado! ¡Lo he encontrado!” El término “Eureka” era el lema oficial del estado de California.]

[17] El filibustero William Walker, quien llegó a San Francisco después de Charles Ames Washburn, tuvo una trayectoria similar y finalmente emprendió expediciones fallidas para conquistar Baja California y Nicaragua. Walker fue ejecutado por los hondureños en 1861. Para un estudio general, véase William O. Scroggs, Filibusters and Financiers (New York: MacMillan, 1916).

[18] Frémont (1813-1890) tuvo una carrera accidentada en el Ejército de los Estados Unidos y fue sometido a un consejo de guerra por insubordinación. Posteriormente sirvió en el Senado y como gobernador del territorio de Arizona. Ver Kerck Kelsey, Remarkable Americans. The Washburn Family (Gardner, Maine: Tilbury House, 2008), pág. 99.

[19] Benjamin Franklin Washington (1820-1872) era, de hecho, pariente lejano del primer presidente de Estados Unidos, pues su bisabuelo era el hermano menor de George Washington.

[20] [Nota del Autor: Coraje holandés, es decir, coñac —más probablemente ginebra o aguardiente. No hay pruebas de que alguien estuviera borracho, aunque eso podría explicar por qué el duelo no fue concluyente. Ver Theodore A. Webb, Impassioned Brothers (Lanham, Maryland: University Press of America, 2002), 17.]

[21] [Nota del Autor: “Leave his country for his country’s good!”]

Visited 3 times, 3 visit(s) today
Previous: El Marzo Paraguayo 25 años después: el magnicidio que sacudió a una democracia joven y los jóvenes que estuvieron a la altura de la República.

Leave a Reply Cancel reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Recent Posts

  • El libro más extraño de la Guerra de la Triple Alianza: segunda entrega de las selecciones de la Historia secreta de Porter Bliss.
  • El Marzo Paraguayo 25 años después: el magnicidio que sacudió a una democracia joven y los jóvenes que estuvieron a la altura de la República.
  • La antología que llevó la literatura paraguaya al mundo: así presentó Maribel Barreto la obra monumental de Teresa Méndez-Faith.
  • El poema que convierte a la patria en un cuerpo que muere y resucita cada noche: Delfina Acosta y su mirada más íntima.
  • Agustín y su arpa: el cuento bilingüe sobre el niño descalzo que construyó su instrumento con tacuaras y conquistó el mundo.

Recent Comments

  1. CECILIA RODRIGUEZ BAROFFI on En plena pandemia, este poeta paraguayo escribió la reflexión más hermosa sobre la naturaleza: así nació “Yvága ku’i rekove”
  2. Ferrob Marest on De Francia a Francisco: la dramática historia de supervivencia de la Iglesia Católica en el Paraguay independiente.
  • Facebook
  • Instagram
  • TikTok

Archives

  • March 2026
  • February 2026
  • January 2026
  • December 2025
  • November 2025
  • October 2025
  • September 2025
  • August 2025
  • July 2025
  • June 2025

Categories

  • ARTÍCULO
  • CARTA EDITORIAL
  • CUENTO
  • ENSAYO
  • ENTREVISTA
  • FÁBULA
  • GACETILLA
  • GUARANI
  • HISTORIA
  • OCTUBRE 2025
  • POESÍA
  • Septiembre 2025
  • Uncategorized

Categories

  • ARTÍCULO 91
  • CARTA EDITORIAL 1
  • CUENTO 20
  • ENSAYO 12
  • ENTREVISTA 56
  • FÁBULA 1
  • GACETILLA 1
  • GUARANI 4
  • HISTORIA 18
  • OCTUBRE 2025 8
  • POESÍA 40
  • Septiembre 2025 7
  • Uncategorized 1

Recent Comments

  • CECILIA RODRIGUEZ BAROFFI on En plena pandemia, este poeta paraguayo escribió la reflexión más hermosa sobre la naturaleza: así nació “Yvága ku’i rekove”
  • Ferrob Marest on De Francia a Francisco: la dramática historia de supervivencia de la Iglesia Católica en el Paraguay independiente.
Copyright © 2014 - 2022 BlockMagazine Theme
  • Inicio
  • Sobre Parnasus
  • Calendario Paraguayo
  • Editores y colaboradores
  • Servicios Editoriales
  • Nuestros autores
  • Edición Actual
  • Archivo Jerry Wilson Cooney
Close Search Window
↑